miércoles, 3 de octubre de 2018

Una sombrerera de cartón


Me gustan las sombrereras de cartón. Quedan graciosas encima de los armarios y permiten guardar algunas cosas, que no sabes muy bien dónde ponerlas cuando no las usas (bufandas, gorros, guantes, pañuelos, etc.). Ésta  la encontré por casualidad en una tienda en liquidación; no era bonita, pero estaba de oferta, era de buen tamaño y, pensé,  que una mano de pintura le aportaría un aire diferente. Cuando llegué a casa, mi sobrina le echó el ojo y tuve que modificar la idea original. Decidí pintarla en tonos marrones  y estarcirle unos motivos musicales. Ni rastro del estampado soso que adquirí en la tienda.


lunes, 17 de septiembre de 2018

La bernegalera y los bernegales



Al buscar la palabra bernegal en Google, lo primero que suele encontrarse es una referencia a una pieza típica de la primitiva cerámica de las Islas Canarias donde, a lo que parece, se realizan diferentes formas a tenor del lugar de procedencia. El Tesoro de la Lengua Castellana o Española de Sebastián de Cobarrubias define bernegal como un vaso tendido [llano] para beber agua, es nombre que particularmente se usa en Toledo. Finalmente, una de las acepciones que recoge el diccionario de la RAE para el vocablo bernegal es “taza para beber, ancha de boca y de forma ondeada”, aunque esta definición tampoco parece ajustarse al recipiente que en nosotros conocemos con ese nombre. 


En Agudo se denomina bernegal a una forma cerámica utilizada, hasta donde alcanza la memoria, exclusivamente para beber agua. Todos los ejemplares conservados responden dos modelos, aunque no todos presentan la misma calidad. El tipo más divulgado presenta la base plana y ligeramente destacada, cuerpo panzudo en forma ovoide, cuello troncocónico, y dos pequeñas asas que apoyan en el cuerpo y en el cuello. La segunda forma muestra cuatro asitas y un pie bajo de copa. Las tapaderas son similares en todos los casos. La materia prima es barro rojo poroso, que transpira y mantiene el agua muy fresca. En todos los ejemplos conocidos, los bernegales se exponían en un estante de madera, más o menos ornamentada, que tuvo como única función sustentar los bernegales. La tabla de apoyo aparece siempre horadada con tres oquedades circulares donde se encajan los recipientes.


En la actualidad las bernegaleras son piezas bastante generalizadas en los hogares decorados al modo tradicional, pero son contados los ejemplos de bernegales que han sobrevivido. Seguramente fue el botijo el causante de la decadencia de estos recipientes. Era más cómodo de usar, más limpio si se bebía a chorro, se colgaba de un gancho y no necesitaba soporte tipo la bernegalera, por lo que debía ser más barato.


martes, 17 de julio de 2018

San Benito Abad. La recuperación de una fiesta olvidada

A propuesta del párroco, que no compartía la desidia del vecindario respecto a San Benito, Afammer-Agudo se ha involucrado en el restablecimiento de la fiesta del santo dentro de su proyecto de divulgación y conservación del patrimonio y la cultura locales.
San Benito Abad (480-547), fundador de la orden benedictina,  está considerado el iniciador del monacato occidental. La iconografía le representa con el libro de la Regla, que él mismo escribió para sus monjes, en una mano, el báculo abacial en la otra, el cuervo con un pan en el pico, una copa rota y la mitra, aunque no siempre se acompaña de todos los símbolos. Está considerado patrón de los archiveros, ingenieros, curtidores y agricultores, entre otros, y se le invoca contra las picaduras, veneno, tentaciones y fiebres.
Fue San Benito uno de los patronos de la Orden de Calatrava, pero este hecho no parece haber fomentado su culto por los territorios que disfrutó en la provincia de Ciudad Real ya que, hasta donde sabemos, únicamente es patrón de Agudo y la población que ostenta su nombre.
La memoria popular y unas pocas anotaciones en la documentación antigua nos han transmitido la idea de que las fiestas en honor al patrón de la parroquia y de la propia villa fueron muy celebradas, pero se ha conservado poca cosa sobre los actos y el modo en que se llevaban a cabo.

lunes, 7 de mayo de 2018

Recuerdos de comunión



A lo que parece fueron unas monjas españolas las que crearon la técnica del papel repujado hace ya más de dos siglos. Es por ello que en algunos países a las tarjetas ejecutadas con ese procedimiento se les denomina tarjetas españolas.


Su ejecución no requiere de grandes habilidades ni desembolsos. Papel vegetal, unos pocos útiles sencillos y cierta dosis de paciencia es todo lo que se necesita para realizar cualquier proyecto por complicado que parezca.
Seguramente sean las tarjetas los trabajos más generalizados, aunque también dan mucho juego detrás de un cristal, ya sea en cajas o delimitando una fotografía. A mí me gustan con fotos antiguas, de bautizos, comuniones y bodas, preferentemente con imágenes en blanco y negro o sepia.
Las comuniones de este año tendrán lugar en dos semanas; si alguien tiene ganas de ponerse con ello, ahí dejo algunas ideas.

lunes, 26 de marzo de 2018

Los buñuelos


[El presente artículo se realizó en marzo de 2015 y se publicó en Agudo-joven  pocos días después. Con motivo de la desaparición de la citada web, se ha decidido incorporarlo a este blog, donde existe una sección dedicada a la gastronomía tradicional. Cabe señalar que este texto muestra ligeras modificaciones respecto al original].

Hasta no hace tanto tiempo, la Cuaresma constituía un periodo obligatorio de ayuno y abstinencia de determinados alimentos, que incluían carnes, grasas animales, huevos y lacticinios, por lo que la gente, seguramente, debió utilizar una buena dosis de imaginación con el fin de elaborar viandas originales sin saltarse los rigurosos mandatos de la Iglesia; prueba de ello son los libros de recetas culinarias dedicados en exclusiva a este tipo de preparaciones.
Sin lugar a dudas, los buñuelos pueden considerarse un producto extraordinario, apto para las más destacadas celebraciones –no hay más que mirar la foto para convencerse de ello–  ya sean de carácter religioso o profano, y ofrecen la ventaja de ajustarse a las normas impuestas por la religión. Sus ingredientes son bien sencillos: aceite de oliva (no disponían de otro), agua (del Orejudo o del Caño, supongo), vino (no fue considerado un producto nutritivo y resultaba compatible con ayunos y abstinencias), harina (molida en los molinos del río Agudo, si corría, o en los de Riofrío, que eran más seguros; a mediados del siglo XX ya se molía en la fábrica), cáscara de naranja (la temporada de esta fruta no siempre coincidía con su demanda y las mondas se conservaban secándose en el humero), matalahúva y miel (desde antiguo existió tradición colmenera en Agudo).  Aunque los buñuelos fueron típicos de Semana Santa y Carnaval, a menudo un olivarero se los prometía a la cuadrilla, que había intervenido en la recolección de la aceituna, al término de la campaña. En agosto fueron privilegio de La Virgen, que se los ofrecía a todos aquéllos que aportaban un donativo, casi siempre en especie, para la subasta del ramo del día quince.
Por mi madre sé que los que se hacían a mediados del siglo pasado eran más pequeños que los de ahora, seguramente tendría mucho que ver la economía, aunque también la harina debió influir bastante, porque tresnar la masa no constituyó un problema a unas personas que conocían el modo tradicional de hacer pan. No conozco ningún producto que se asemeje a nuestros buñuelos, lo más parecido que he visto son los pestiños extremeños y andaluces; en ambos casos parten de un círculo o un cuadrado de masa muy fina que cierran, uniendo dos extremos. Nosotros formamos un óvalo, que cerramos por los extremos más alejados y estiramos, tirando de los lados que quedan libres, hasta darles la forma definitiva. El acabado de los pestiños que derivan de un círculo parece presentar algunas analogías formales con nuestros buñuelos, aunque las considerables diferencias entre el grosor de la masa  y el tamaño de la pieza dificulten la valoración de aquéllas. En todo caso, conviene recordar que el ser humano es más proclive a copiar que a crear y no debemos perder de vista que, geográficamente, Agudo se halla junto a un antiguo eje de caminos, Córdoba-Toledo y La Mancha-Extremadura, por donde transitaron, además de viajeros, cualquier cosa que pudiera viajar a lomos de una caballería o en la mente de aquél que la guiaba. En cualquier caso, es justo reconocer el punto de habilidad necesario para elaborar una pieza tan delicada como el buñuelo local.

Bibliografía:
-Cofradía Extremeña de Gastronomía (1985): Recetario de cocina extremeña. Estudio de sus orígenes. Badajoz
-Doménech, I. y Martí, F. (1914): Ayunos y abstinencias. Cocina de Cuaresma. Madrid.
-Lassus, P. L. (1905): Cocina práctica de Cuaresma. Barcelona.